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Memoria boyera: legado bicentenario

Memoria Boyera: Legado Bicentenario

En el contexto del Bicentenario de la Independencia de Costa Rica, el boyeo sigue siendo un fenómeno social y cultural de enorme importancia. Las voces de personas que viven a diario el boyeo, así como las representaciones literarias confirman que, doscientos años después de la independencia, el boyeo sigue vigente y su legado no deja de crecer.

A continuación, se pretende poner en común significados, memorias y conocimientos comunitarios para así entretejer una expresión cultural, patrimonial y literaria acorde con la grandeza del legado del boyeo y su rol trascendental en la construcción de la ciudadanía y los imaginarios costarricenses a doscientos años de la fundación del Estado costarricense. 

1. Aprendizaje del Boyeo

El Jaul, Max Jiménez 

“La Siembra”

“La Siembra” es el cuento que mejor da cuenta del aprendizaje del boyeo. En la siguiente cita, se representa la relación entre el boyero y los bueyes, así como se explica la manera en la que el yugo se ata a los bueyes:

“En el rancho, el viejo Ñor Santiago sacó el yugo*. Los bueyes bajaron humildemente la cabeza y el leño, de ancho corto, les fue amarrado con las fajas de cuero crudo a la frente y los cuernos. La rodilla se pone en la frente del buey para sacar las fajas. Sobre el yugo amarraron el arado” (Jiménez, 1937, p. 38). 

*La negrita es nuestra.

El boyero amansa a los bueyes y les enseña a caminar o a detenerse por medio de órdenes o sonidos:

“—Gui, buey. […] Y el primitivo arado fue abriendo un surco* como Dios quería” (p. 38).

*La negrita es nuestra.

 

Se observa un grabado en blanco y negro de un campesino que viste sombrero y camisa de manga larga; este lleva un farol en la mano izquierda y un bolso en su hombro derecho.

Carlos Fonseca: —Pero yo, yo no digo que soy boyero, porque, digamos, yo trabajo con bueyes, me gusta, me atrapan. Nosotros enyugamos bueyes, si pudiéramos todos los días los enyugamos, y si tenemos que trabajar con ellos, trabajamos con ellos con demasiado encanto, porque digamos, que yo no me dedico directamente a trabajar con bueyes, pero si me encanta el arte de trabajar, gracia a Dios.

Mi papá me enseñó cómo se trabaja una yunta de bueyes, cómo montarla, cómo comenzar a enyugar, cómo comenzar a rastrearla para que los animales lleguen a tener el pulso. Que es lo que los señores mayores, como mi papá dice: “el pulso es para que el buey cuando va a subir una cuesta o va a bajar una cuesta con carga, pueda sostener la carga”.

El pulso lo da el animal rastreando… rastreando un tronco, una pieza de madera, con poquito peso. Sí, no no… No es necesario que sean demasiado pesados porque uno se lo enseña a los animales desde pequeños. Por ejemplo, nosotros tenemos dos yuntas de bueyes: tenemos unos adultos y unos pequeños; entonces, empezamos a ponerles la rastra pequeña para que ellos comiencen a trabajar con esa y poco a poco conforme van… van cogiendo más fuerza… entonces, le vamos poniendo una rastra más pesada. Ya hay algunos que digamos, que se pueden ir acostumbrando hasta el punto en que se pueden dedicar a sacar madera.

Y, un día llegué con los bueycillos mansos a la casa, y le dije: “papá, pruébeme estos novillos, los amansé yo”. Y mi papá todo sorprendido de lo que había hecho, y me felicitó mucho esa vez.

Para mí es algo muy grande decir que soy boyero, porque toda mi vida nosotros…, bueno desde que tengo uso de razón; de 10 años ya papá me dio una yunta de bueyes para que yo trabajara solo, porque como antes se fleteaba todos los días con bueyes. Entonces, diay no daba abasto con el trabajo de él y el trabajo de los fleteros, entonces me puso a mí; entonces, diay desde ese momento y siempre he trabajado con bueyes, y diay, me siento muy contento. O sea, mucha alegría de hacer lo que a uno le gusta y rescatar nuestras tradiciones. (…) y desde muy antes, pero papá no me daba, no me daba permiso porque los bueyes eran muy grandes. Entonces, y habían campos muy estrechos, entonces me decía: “no, acompáñeme usted en todo lo que usted pueda, en lo que pueda hacer, pero eso si boyear todavía no”. Pero mi felicidad era yo jalar el chuzo y… primero que nada no me aguantaba ni un yugo, no me aguantaba ni un yugo para ponérselo en la cabeza a los bueyes, entonces diay todo eso que va naciendo en uno, que va naciendo en uno, y diay gracias a Dios con el tiempo ya tengo mi yuntica de bueyes y toda la vida he tenido bueycitos; y, diay mi padrecito se fue, y diay me dejó eso.

2. Labores del boyeo

El Moto, Joaquín García Monge

Una de las labores del boyeo presentes en la obra literaria El Moto es el trapiche; este se utiliza para crear distintos productos a partir de la caña de azúcar. Al respecto, el texto menciona lo siguiente:

“Con aire patriarcal y rezando una oración de gracias a Dios, se dio una vuelta por la casa: echó primero una mirada a las trojes, de allí al trapiche y se informó si los yugos y aperos de labranza se encontraban en su lugar” (p. 4).

“Salvo las miraditas que su pretexto del diezmo podía cruzar con ella, salvo tal cual palique cambiado en las tardes de molienda en el trapiche, o en una vela o a las orillas del Tiribí -lo demás del tiempo era de dura faena para él” (p. 12).

El Jaul, Max Jiménez

“La Siembra”

Este cuento expone la labor del boyero y los bueyes en el campo, específicamente en el arado, los cuidados de la tierra y la siembra.

“Y el primitivo arado fue abriendo un surco como Dios quería. El viejo soportaba el arado en la mano izquierda y con la derecha dejaba caer los granos, como si los fuera contando. Con el pie derecho tapaba las semillas.
Sobre el yugo amarraron el arado. El chiquillo llamó los bueyes y el viejo se echó al hombro medio saco de maíz” (Jiménez, 1937, p. 38).

“El jaular”

Aunque no se menciona explícitamente, en la siguiente cita se puede observar una de las labores del boyeo: transportar materiales. En este caso, el personaje “Chunguero” transporta jaules.

“El hombre de la carreta, Juan Chunguero, llegó a la máquina al mediodía. […] Chunguero llegó con el aspecto de un resucitado, con su carga de jaules” (Jiménez, 1937, p. 14).

 

Este dibujo no se puede interpretar claramente; sin embargo, contiene líneas que simulan una silueta con una especie de corona en la parte de la cabeza. El dibujo no tiene nada en el fondo, solo el color café oscuro del papel.

Yo más bien le terminé tomando el gusto, de que usted a mi casa viene y yo tengo recuerdos y tengo yugos, bueno… tengo de todo, de todo, sí. Uno le toma el gusto y le toma el de veras bueno, es algo tan bonito, diay es un hobbie, en realidad es un hobbie.


Diay yo, por ejemplo, yo he tenido taxi propio, tuve taxi y después, este… trabajé, por ejemplo, en otros lugares y así, y ahora me dedico… Después yo quité el taxi y vendí el taxi, porque bueno, esta cuestión de Uber y eso… y vendí el taxi ahora, y me dedico a otras cosas. Y así muchísimos boyeros, hay muchísimos boyeros… Diay, hay gente que, por ejemplo, usted que es de Aserrí, no sé si conoce don Edgar Valverde, un señor que es abogado, don Edgar es de Aserrí, es abogado. Él es un abogado, pero es boyero. Por acá en San Isidro, hay otra señora que es abogada y es boyera. Sí, por ejemplo, hay gente que tiene su negocio de equis cosa, pero el hobbie son los bueyes. Yo por ejemplo, ahorita a lo que me dedico es a trabajar en mantenimiento, soldadura y esas cosas; y me encantan los bueyes; igual vamos a hacer trabajos, uno cambia, a veces nosotros vamos a hacer trabajos de arado, a nosotros nos busca mucho la gente para ir arar, para ir a sembrar maíz y frijoles y esas cosas.

Inclusive, mucha gente no sabe esta historia que con las yuntas de bueyes se transportaron todas las iglesias que existen en el Valle Central. Se trajeron con bueyes de… del Puerto de Puntarenas en su mayoría. Y muchas de las edificaciones que existen en San José en la actualidad se trajieron, eh con bueyes.

Después, esteee, ya se empieza a poner el yugo y ya por último la careta y ahí, ahí le vamo haciendo. Y diay la verdad, a tenerlos bien bonitos porque ellos suman parte de… de… de la familia, como dicen. Porque ellos diay, ellos son parte de la familia. Sí, ellos son muy chineados, la verdad es que ellos son muy chineados.

De hecho, es más que todo para el trabajo, verdad, pero la carreta juega un papel muy importante porqueeee, en realidad es como porque digamos hay carretas que están pintadas… eeeh… Cartagas, hay carretas Sarchiseñas, hay, bueno, hay varios pintores, entonces en la hora que se exhiben esas carretas. Entoes, como te decía… este,  Don Julio da las características de cada carreta, de las pinturas, del diseñador. O sea, en realidad juega un papel muy importante en cada yunta que la anda.

Bueno, por ejemplo antes Raquel, cuando yo iba con mi papá a llamar bueyes, diay uno iba a las cuatro de la mañana. Se levantaba e iba arrear los bueyes y llegaba uno al corte, que llamábamos uno la finca, a trabajar con los bueyes. Ya a las seis de la mañana tenía uno que estar ya con los bueyes enyugados y comenzar a arar para sí era una riega de papa o si era para romper para alistar el terreno ¡verdá!. Hasta las dos de la tarde en ese tiempo ¡verdá! En ese tiempo no se bebía café, lo que llamamos ahora a las nueve de la mañana. Lo que llamaba uno aquí en el campo “vamos a burrear” ya era uno el beber café de ahora, pero en ese tiempo no bebía uno café y almorzaba a las diez y media, en otras partes a las once, y luego, otras vez trabajar hasta las dos de la tarde ¡verdad! No existía ese desayuno de ahora de las nueve de la mañana.

No, dígamos, agua era lo que llevaba uno. Nosotros salíamos con mi papá a las cuatro y media de la mañana. Digamos, tomábamos cafecito con pan casero y ya nos íbamos. Luego, hasta las diez llegaba uno y se sentaba a almorzar. Y después, ya hasta las dos de la tarde que soltaba los bueyes. Nos decían: ” Vaya deje los bueyes al potrero”. Y ya en ese entonces iba llegando uno a la casa a las tres de la tarde, ya llegaba uno y bebía café.

Exacto, desde pequeños, porque… aunque usted no lo crea, desde pequeños uno los busca lo más parejitos que se puedan, lo más iguales, entiende… Pero como, como que ellos conviviendo juntos, ahí con el pasar de los tiempos, como que se van buscando ellos mismos, el color, el tamaño y todo, se van pareciendo más ellos, vieras. Es algo increíble así, pero, pero es cierto. En cambio, usted, un buey grande, ir y buscar un novillo grande ya va a costar mucho. después, que los bueyes, tienen eh… los bueyes casi siempre tienen un lado para enyugar, me entiende… Un buey va a la izquierda o a la derecha casi siempre, no… un buey si lo acostumbró a enyugar a la derecha y lo enyuga a la izquierda, el buey no te va a caminar en un desfile ni en ningún momento, se echa pa´ trás, se abren todos, me entiende…, no camina. Él se acostumbra al lado de él.

Entonces, si a usted se le muere un animal y va a conseguir otro y ese otro se consiguió de ese mismo lado del otro, ahí comienzan los problemas. Entonces, por eso siempre es mejor, si se friega, uno quitar los dos de una vez. 

3. Cotidianidad del boyeo

El Jaul, Max Jiménez

“2500 metros”

“La carreta, cargada de trozas para el pueblo, venía dando tumbos, saltando de manea en manea y dando golpes de mazo sobre el yugo. El barro se hacía cada vez más profundo, más resbaloso, más movedizo. Las ruedas fueron hundiéndose hasta llegar al eje. Resbalaban las pezuñas dejando signos de dolor en el suelo, en el lodo perpetuo y de garras” (Jiménez, 1937, p. 6).

 

“El Merodeo”

“En la carreta se transportaba a las fincas y la había pintado de rojo, con florecillas blancas. Los bueyes eran cuidados a mano y les pasaban un trapo para sacarles lustre. El viejo, en su carreta, pasaba como un emperador y a nadie le decía adiós” (Jiménez, 1937, p. 42).

Se trata de un grabado del perfil de un buey negro bramando; este tiene los cuernos hacia adelante y hacia abajo y un ojo viendo hacia atrás.

Los últimos días de embarazo no me dejaban ir, y yo sufrí demasiado porque quería ir. Bueno, y yo: “no, pa yo voy, yo me abrigo”. Y había una neblina y un temporal por toda Costa Rica que estuvieron a punto de suspenderlo. Fue en Cartago en Llano Grande. Y yo que llamo a los chiquillos a ver cómo está el clima, y me dicen que: “no Mari viera que feo que está aquí, traiga capa”; y yo, “¡ay que madre, no me van a dejar ir!”. Mi papá: “bueno vamos, si está así de fijo lo van a suspender y, di ni se baje del carro”. Y yo toda contenta y me voy. Nombres, llego allá y eso era un aguacero, y mi papá no se va a poder, y yo, nombre, yo me bajo y yo era con chaleco y sueta y la capa; y yo paso el desfile con una sombrilla porque yo quería pasar. Ese desfile desde que me bajé del carro hasta que me volví a subir no dejó de llover, todo el desfile lo pasamos lloviendo, los bueyes estilando; de hecho tengo fotos se las voy a pasar. Yo me llevé todo el aguacero, pero no no me mojé: digamos la parte principal, la cara y eso. Y mi papá me decía: “ah no María, se va a morir, le va a dar algo”; y nombre, yo toda abrigada y todo ahí, y así fuimos al desfile, y así lo pasamos; y hasta que llegamos a la casa estilando y todo, pero di fue una anécdota bonita también… Si, si, y todo el mundo apunto; y no no, eso que dicen de que en algo no se puede pasar, y si es de trabajar en equipo para pasar, por decirte algo, de una gira que me ha contado mi tío, que ha participado entre todos, se ponen a cortar palos y abrir camino y seguir adelante. Cuesta mucho que se rindan.

Sacábamos madera, ehh… Aquí estuvimos sacando madera recién llegados para hacer, para hacerle casa al hermano mayor que ya se había casado, había que hacerle casa y ahí… Todo eso fue surgiendo por medio de mi papá, porque mi abuelo no lo conocí. Y papá toda la madera de casa cuando él se casó, la jaló a puro buey, fue pal´ cuarenta y ocho. Estaba la guerra en lo más y mejor, y él jalando madera dice que una vez le iban a quitar los bueyes pa´ comérselos y que entonces alguien dijo: “no, no, él es de los mismos de nosotros”, dice, “déjelo que siga”. Pero le iban a quitar hasta los bueyes pa´ matarlos.

Deay, imagínese en el cuarenta y ocho que en esa vez la guerrilla que había, la gente le robaba ganado, se iban a la finca y sacaban un novillo o una vaca, lo que fuera pa´ matarlo y pa´ mantenerse en la guerra. Y a papá le iban a quitar los bueyes un día que iba con madera pal´ aserradero, entonces a papá le tocó vivir eso.

Y yo jalé mucha caña en San Isidro, cuando abrieron el trapiche. Entonces la caña había que llevarla para un trapiche a San Ramón, y era hora, y esto por caminos de puro barro. ¡Usted no tiene una idea! Ahora encontrarse un barrial es como decir: ¡qué ganas de tirarse a ese barrial para ver cómo era!

4. Importancia del Boyeo en la Comunidad

El Jaul, Max Jiménez

“El Jaular”

Al inicio de la historia se menciona que el personaje “Chunguero” trae materiales por medio de bueyes y la carreta. Chunguero transporta materiales para una construcción, que más tarde, contribuirían a la comunidad. El cuento señala:

“El jaúl, por su precio bajo y su calidad inferior, se emplea para la fabricación de ataúdes. La madera serviría para la construcción de unos galerones , destinados al turno del primer Domingo de Gloria” (Jiménez, 1937, p. 15).

*Las negritas son nuestras.

“El Merodeo”

En este cuento, se evidencia la importancia del boyeo en la comunidad, porque los vecinos de San Luis de Jaules planean  un robo para conseguir bueyes. La siguiente cita representa cómo los bueyes eran señal de prestigio:

“Lo más acostumbrado era, cuando las milpas de algunos de los labradores tenían las matitas de dos cuartas, meterles vacas y bueyes para que se las comieran” (Jiménez, 1937, p. 42).

“El Turno”

En este cuento, se expone la importancia del boyeo en la comunidad en cuanto a actividades como el turno.

“Las varas del jaúl fueron dejando sus cortezas en el camino, al ser arrastradas por las yuntas, y frente al templo, se fueron levantando con su color rojizo de savia convertida en sangre” (p. 71).

*Las negritas son nuestras.

 

Se observa un dibujo abstracto en donde se representa lo que parece ser un lobo y un perro acompañados con una silueta de fondo.

El Moto, Max Jiménez

El personaje principal, El Moto, trata de probar su valor al sacerdote demostrándole que era un buen campesino: señala que tiene una yunta de bueyes para añadir prestigio a su perfil y ser merecedor del amor de Cundila. El texto menciona lo siguiente:

“Pero a usted le consta que yo pa picar un trozo de leña -es feo decilo- me sobran fuerzas; pa esmatonar o paliar -aunque es mala la comparación- me ando en un pie; tengo mi yuntica de bueyes sardos y pailetas aperaditas y más que todo, Cundila me quiere mucho, pero muchísimo” (Jiménez, 1937, p. 16).

Don Soledad, quien figura como el personaje más acaudalado de Desamparados en ese entonces, ofrece el diezmo a su comunidad gracias a los bueyes. Don Soledad paga con su cosecha y los productos provenientes del trapiche. Gracias a la yunta de bueyes, él puede contribuir a su comunidad. El texto lo cita así:

“-¿Hay diezmo? -preguntaba de casa en casa, secamente o con un cuarteto oportuno a renglón seguido, por lo común.-Sí, aguárdese un poquito-respondían de adentro- y vengan de aquí diez tapas de dulce y vengan de allá doce cuartillos de maíz y seis de frijoles. Cuando tuvo rebasados los canastos de ofrendas, -el diezmo de la cosecha de don Soledad” (Jiménez, 1937, p. 6).

Se trata de un dibujo en blanco y azul en donde se visualiza a una mujer mayor frente a una casa antigua. La mujer sujeta un rosario con su mano izquierda y viste un chal que solo deja descubierta su cara.

Entonces se montaban un domingo, un domingo, como tenían mucho trabajo entre semana se sentaban un domingo; par de yuntas y se iban y jalaban tierra, y se los llevaban y echaban adonde estaba él. Y entonces, así en todo el barrio comenzaban a ayudarle, comenzaban a ayudarle a levantar la casa; como eso dura mucho, entonces, entre todo el barrio, entre todas las amistades que uno… que tuviera.. ya venía otro, ya terminaba eso, y en no sé qué, bueno… hay que ayudarle entonces; y para las iglesias, para los cementerios, ve. Yo jalé para el cementerio de aquí de de San Antonio de Escazú, jalé piedra.


Vea, yo de doce años de edad, yo jalé piedra para ese cementerio, y después jalé también; ya hizo cincuenta años… hace cincuenta y tres… cincuenta y tres años jalé piedra también pa’ la iglesia del Carmen arriba; y después jalé unas tucas, me ayudó… fui con papá a jalar una madera… veinti cuatro yuntas de bueyes pa’ dos tucas, y esas tucas están ahí en las bancas de la iglesia. Entonces todo eso, el trabajo comunitario en familias, en amistades, en conocidos y todo eso, era muy importante; ahora muy poco… ahora muy poco… muy poco. De hecho que ahora el domingo, este domingo, me habían puesto hace quince días pa’ ir a jalar una leña para la iglesia del Carmen, aquí arriba, para la cocina… para la cocina de la iglesia, que estaba sin leña, entonces andaban buscando diez yuntas…, hasta dos toros llevaron con unas carretillas atrás y una yugueta para jalar leña. Antes era todo el tiempo eso, ve; entonces siempre… siempre, ha existido la colaboración de mucha gente, se ha perdido… se ha perdido… se ha perdido mucho, pero diay uno lo trata de rescatar todo eso, ah.

5. Importancia del boyeo en la economía de Costa Rica

Con respecto al ámbito económico costarricense, El Moto ofrece algunos fragmentos que ayudan a comprender la importancia histórica que algunas actividades y productos han tenido en el país y su evolución desde esta temática.

El Moto, Joaquín García Monge

“Nada desamparados anduvieron, por cierto, nuestros abuelos: los maizales y frijolares se iban arriba con un vicio que hoy se pagaría por verlo -como dicen añejos restos de aquellas generaciones- ; los ganados se criaban retozones en los potreros y anualmente las trojes se llenaban de bote en bote. La posición topográfica del barrio, magnífica de todo punto: situado a no larga distancia de las montañas que por el Sur y el Este lo rodean, por aquellos días ostentando el lejo de los bosques y hoy desfiguradas por el tijereteo de los cañadulzales, los marcos que señalan la división de potreros y bienes, y por las abras y zocolas ” (p. 1).

*Las negritas son nuestras.

 

Se trata de dibujo en blanco y negro de un buey caminando de frente.

Entonces, ellos iban con dulce, llevaban dulce, llevaban frijoles, maíz, hasta leña llevaban en otra carreta, vendían; y con eso traían el mantenimiento, la comedera, para el otro mes.

… el finado mi abuelo… papá contaba que el muy muy carajillo, o sea, sin uso de razón, el finado papá contaba que diay lo llevaba allá, él pequeño iba ahí y llevaban… siempre llevaban una yunta de bueyes, o un buey solo, por aquello de que como eran los caminos de piedra y de tierra y barriales y todo eso, entonces para cualquier llevaban una yunta atrás para pegarle dos yuntas a una carreta.

… Ah claro, bastante porque… porque eran pongámosle así… papá decía en Escazú siempre había que… por lo caminos y no solo ellos iban con carreta, iban muchos… iban muchos como los buses de ahora, verdad; entonces, duraba dos días… dos días, porque no era de llegar allá y quedarse… de venirse, no no no, era de esperar a ver la leña como los que tienen en mayoreo y todo eso, ¡ah! Esperar que se vendiera la leña, esperar que se vendiera el frijol, el maíz, lo que llevara, el chiverre, ayote, todo; entonces… y también tenía que llevar la comedera pa’ los bueyes, ve, llevaban la comedera para los bueyes…, agua no, porque agua ahora casi en todo lado hay, pero la comedera sí; y era de dos días, día y medio, depende de cómo les fuera con la venta.

6. Relación entre el boyeo y la Iglesia

El Moto, Joaquín García Monge

“… don Soledad rebulléndose en su hamaca, dijo con acento perentorio : -Al rosario, muchachos. Bien pronto, se agruparon los gañanes, mansos como bueyes, y en voz alta rezaron el rosario que don Soledad seguía” (p. 4).

“En la zurda llevaba unas cuerdas y apurando el paso decía de corrida: -A recoger el diezmo por San Antonio; y brincando de alegría como un ternero, se perdió por entre los charrales, para dejarse ver minutos después, tirando del cabestro de dos mulas barrosas” (p. 6)

Este dibujo retrata a dos hombres adultos sentados uno frente al otro. Uno de ellos es un sacerdote que viste una sotana y el otro un fiel que viste camisa de manga larga y sombrero. En la sala hay un crucifijo y un armario de madera.

El Jaul, Max Jiménez

“El Jaular”

“En muchas ocasiones pasan las yuntas con billetes de banco en los cuernos y el sacerdote los bendice, mientras sus ayudantes recogen las ofrendas” (Jiménez, 1937, p. 15).

“Mañana del Viernes Santo”

“Corrían las once de la mañana del Viernes Santo. Un Viernes Santo infantil. La lluvia había suspendido su costumbre. Hizo un alto para que el juicio de Nuestro Señor se efectuara con su completa pompa y tristeza” (Jiménez, 1937, p. 18).

“El Cura”

“El pastor del pueblo de San Luis de los Jaules era santo. Santo. Se había ganado la santidad en la lluvia y el barro. El sol le había amontañado la cara y la sotana” (Jiménez, 1937, p. 55).

Se trata de un grabado en blanco y negro en el que se aprecia a un hombre montado sobre un caballo. La persona viste polainas, espuelas, un pantalón, una camisa de manga larga y un sombrero y se encuentra sujetando las cuerdas del animal. Detrás de ambos, se observa el ocaso y montañas.

En el 2015 en una promesa a mi papá, yo salí de acá de Venecia hasta Cartago con los bueyes a pie, yo no sé si usted oyó eso por la radio o la tele porque anduvo mucho como los… ajá, los medios comunicativos anduvieron atrás de nosotros ahí, la televisión y todo.

Pero yo fui y duré cinco días en la gira, con un muchacho que me acompañó, salimos cinco… cuatro personas de acá, en el camino se unió mi hijo allá en San Miguel, porque él ese día andaba en no sé qué con el camión, y diay, ya se jue conmigo ahí; ya íbamos cinco y llegamos veintisiete personas de la familia allá, a Cartago, y a Cartago llegamos cuatro yuntas, y vinieron dos yuntas de Cartago a toparnos del lado de Tablón del Guarco; Marco Luis Montero yyy… con dos yuntas, y bueno traía otro boyero ahí, y nos vino a topar ahí, después de… de cómo se llama eso, eh, donde está  CONAVI, ahí por el lado de Guadalupe, por ese lado hacia San Ramón de Tres Ríos, por ahí donde está CONAVI ya lo topamos; se vino dio vuelta y nos alcanzó un poquito más arriba, y enyugó, y ahí se vino con nosotros y el camión lo mandó con un hijo a Cartago.

Pero hubieron cosas muy lindas en ese… en ese trayecto, que le voy a ser honesto, hoy en día usted me pregunta a mí y le diría no sé qué pasó ahí, no sé qué fue lo que hubo, como hubieron diablos también usted sabe que en esto de las cosas de Dios y la virgen siempre hay demonios.

Un tráfico nos iba a volar bala ahí en Ochomogo, un tráfico, ese señor de apellido Calderón nos dijo que si nosotros cruzábamos nos… nos… nos metía un balazo al boyero y al buey. Así… así nos dijo, y cuando vieron que las cámaras, corrieron en carrera el canal siete que estaban al otro lado. Cuando nosotros cruzamos la pista fue cuando él, primero se le guindó la yunta de bueyes que iba amansando Marco Nei, y lo hicieron tirado por allá, y más bravo decía que sacaba el revolver; y la policía nadie, oiga, había como cinco tráficos y la policía ni nadie se meneó, solo él. Nos vino a atajar y fue algo tremendo, y después nos echó SENASA, como no pudo hacer nada nos echó SENASA, porque SENASA yaa… Ahí nos atrasó como dos horas SENASA, pero todo salió bien gracias a Dios.

Pero antes de eso hubieron cosas muy lindas, en un lugarcito antes de salir a la rotonda la Bandera, cruzando del lado que viene uno de Heredia, bajando por donde llama uno el Raicero, ahí sobre la pista, cruzamos ese lugar a salir a… sale uno como por ¿qué te dijera? cuando sale uno a carretera ya pa´ coger pa´ Moravia; antes de eso nosotros nos teníamos que meter pa´ no dar el vueltón, por como iba el tránsito, nos metimos contra vía, pero un residencial tal vez de doscientos metros y de ambos lados sin calles, sin calles aledañas a ningún lado, puras calles de lujo, que yo calculo que yo llego a una casa de esas y le toco la puerta seguro llaman a la policía.

Nos ofreció ayuda una señora, bueno un señor nos preguntó si habíamos desayunado y le dijimos que no, porque ese día salimos de San Ignacio de Santo Tomás creo que era, de Santo Domingo de Heredia, por hay, ehh… Salimos, todo el tiempo salíamos a las cinco de la mañana. En algunos casos salíamos desayunados, en otros casos… ese último día salimos sin desayunar. Y cuando íbamos por medio residencial fue cuando nos invitó ese señor, que si habíamos desayunado, y le dijimos que no, y nos dijo: “paren, paren para darles desayuno”; eran como las nueve de la mañana. Resulta y sucede, en ese momento nos topamos una señora morena con un chiquito bajito, le preguntamos ah… bueno, dice el chiquito: “mami, mami yo quiero una de esas”, nosotros llevábamos una imagen de la Virgen de los Ángeles que yo tengo, que la había comprado trabajando en Dos Pinos. Y el muchacho la…, un amigo mío de Dos Pinos, carpintero, me le hizo un nicho con un espejo al fondo, y son de esas doradas que brillan.

Entonces yo ya a la virgencita, yo la había llevado a bendecir y todo; bueno, ahí la tengo en la casa, ahora le hice una gruta, todavía no se la he terminado porque tengo que forrársela con con piedrita de laja, pero ya… ya la tengo ahí instalada. Y entonces le dije a…, ah bueno cuando llego la señora esa, le dice: “mami, yo quiero una de esas”, y mi hermana que llevaba la virgen, siempre se la dio. Ya, entonces unos se fueron a comer, perdón a desayunar, y otros nos quedábamos cuidando las yuntas de bueyes, y me dice… le digo yo a la señora: “¿para dónde camina usted?”, y me dice: “no, yo voy para allá, para allá, ¿pero usted viene a trabajar aquí a alguna casa?”, “ah, no no no yo voy para allá”. Y diay, hablemole que estuviéramos en doscientos metros de cuadrante, de de dos cuadras juntas, pero sin calle atravesada en una sola calle, entonces, le digo yo: “ah, yo creí que usted iba pa´ algún trabajo con el chiquito”, y me dice: “ah, no no yo voy para allá”. Bueno, seguimos conversando ahí, y ya por último yo me fui a desayunar porque yo fui uno de los últimos, ya desayuné; ahí habíamos bastantes, ya habíamos como veinte personas o dieciocho personas en ese momento. Y diay, ya yo desayuné, y el otro que estaba cuidando las yuntas también, porque todavía no nos habíamos topado a los muchachos de Cartago. Después de eso, nos topábamos a los de Cartago y ya nos despedimos de la señora, y… y mi hermana cogió la virgen, y caminamos escasos veinte metros… treinta metros, y vuelvo a ver yo para atrás y le digo: “¿dónde está la señora?”, y fue un misterio, no se sabe qué se hizo la señora, porque ella no iba a trabajar a ninguna casa.

Vieras que eso a mí… yo a veces hasta que me erizo el pelo cuando comienzo a hablar eso de ver que fue algo. Es que yo llevaba mucha fe, en esos días había estado -dos meses atrás-, había estado con mi papá en silla de ruedas, de un golpe en la cabeza; y, cuando en una cosa que estuvimos en el hospital y lo agarró la doctora y comenzó a decir: “esto es un paso… un paso hacia adelante”, porque yo ya había ofrecido la promesa: si mi papá se compone y vuelvo a verlo andar con bueyes, yo voy a Cartago con bueyes a pie y de verdad.

Eh… la Patrona. En Venecia, la Virgen es La Candelaria, y como esta iglesia fue hecha a puro buey, toda esta iglesia ya pasó a ser Patrimonio,  eso que le ponen; es que digamos, Venecia es algo curioso, Venecia fue el primer distrito a nivel de San Carlos, porque ni siquiera San Carlos, que tuvo iglesia. Porque usted sabe que en los pueblos lo que hacen es una ermita por distritos.

Eh… cuando Venecia hace cincuenta y resto de años que, diay esta iglesia tiene más de cincuenta y cinco años de hecha, la hicieron de una vez como iglesia, no como ermita; grande y de pura madera interna, y… y es preciosa por dentro.

7. Identidad etaria (juventud, generaciones)

El Jaul, Max Jiménez Huete

“La Siembra”

Esta historia narra un día de trabajo de un boyero y su nieto. Se menciona cómo el niño ayuda y aprende de su abuelo a trabajar en el campo con los bueyes. Se cita de la siguiente manera:

“El chiquillo llamó los bueyes y el viejo se echó al hombro medio saco de maíz” (Jiménez, 1937, p. 38).

En este dibujo abstracto se observan unas líneas de perspectiva que van a dar con una carreta y dos bueyes de espalda. Hay una rama encima de ellos y van en dirección a una luz que aparece en el camino.

Partiendo de eso, he inventado hacer unos tours a personas de aquí mismo, costarricenses, personas también extranjeras han querido apuntarse y hacer los tours; les doy un poquito de historia, también, historia de la carreta, historia de lo que es la iglesia, nuestros monumentos. Entonces, ha sido muy bonito, ha sido bonito innovar un poco porque estábamos muy…, hemos dejado pasar un poco esas bellezas, y hasta de personas del mismo pueblo se han sorprendido de la historia que tenemos nosotros.


Y, ojalá que quede para la eternidad de lo que este chiquillo está tratando de hacer: ¡mantener viva esa cultura, mantener vivo ese amor por nuestra patria, por nuestro pueblo!

8. Festividades del boyeo

El Jaul, Max Jiménez

“Mañana del Viernes Santo”

“Corrían las once de la mañana del Viernes Santo. Un Viernes Santo infantil. La lluvia había suspendido su costumbre. Hizo un alto para que el juicio de Nuestro Señor se efectuara con su completa pompa y tristeza” (Jiménez, 1937, p. 18).

“El Turno”

“Las varas del jaúl fueron dejando sus cortezas en el camino, al ser arrastradas por las yuntas, y frente al templo, se fueron levantando con su color rojizo de savia convertida en sangre. Las tablas para los costados formaban los más fantásticos mapas, grabados en los troncos de tantas lunas y de tantas estrellas. El sábado, temprano, las ladroneras empezaron a dar su ruedo a los dados: más siete, siete completo, y menos siete. Las gentes acudían con los dieces al oír la observación del fiel tahúr de la iglesia […] El guaro destilado en las orillas de las quebradas fue exaltando el valor personal, olvidado a ratos en las labores del campo” (Jiménez, 1937, p. 71).

Se trata de un grabado en blanco y negro que muestra una procesión y a diferentes personas cargando la imagen de Jesucristo, quien porta una cruz de madera sobre su hombro derecho.

Y, pero tenía una carreta, ahí nueva, sin pintar, y me hace: “se la cambio por esos bueyes”, le digo yo: “mmm bueno, quién sabe, no sé, no sé cómo estaría el negocio”, le digo yo, yo haciéndome el rogado. Me hace: “Bueno, se la cambio, se la cambio de verdad”. Y, de un pronto a otro llegamos allá a San Ramón y se las cambié… se la cambié por la carreta, muy bonita. La carreta venía sin pintar, nos dimos a la tarea aquí de pintarla con nuestras propias manos, y quedó muy bien… muy bien para ser la primera vez quedó muy muy demasiado bien; la gente que estaba nos felicitaba para el Día del Boyero que la estrenamos, en el 2019 la estrenamos, en el día Nacional del Boyero, segundo domingo de marzo la estrenamos, y todo mundo tenía que ver con la carreta, como iba bien pintada, pintada por nuestras manos, ¡manos de escazuseños!

Ah no no, o sea, si se pasaban. Algunos sí se emborrachaban de viaje, pero fíjese que algunos boyeros tenían bueyes que ya se sabían el camino a la casa, verdad. Hay algunos que se acostaban, como dice el dicho de que: me monté a la carreta, verdad. Se acostaban en la carreta y los bueyes se iban por delante solos. Se sabían el camino y llegaban hasta el corredor de la casa, ahí estaba la esposa con los hijos esperándolo para “apiarlo”, ya. Todo eso existía antes. Ya ahora no, con esta situación que ha cambiado tanto.

…Y bueno, yo del miedo que golpeara algún carro, verdad, digo yo: “¡que bronca después nos cobran a nosotros…!”, me llevó rastrillando como ciento cincuenta metros en la pura calle, y quedé toda desbaratada: la ropa… todo.

No, no por lo vacilón, por lo… digamos después uno lo que le da es gracia, pero en el momento era tal vez susto, pero lo que tenía eran nada más los chollones.

Hay que ser original. Entonces, me habían traído esa yunta, verdad, de “Dorand” de los negritos; y había uno que era chochillo, el condenillo, vieras, y era así ariscón, ni se dejaba tocar ni nada. Y decía mi papá: “a este buey hay que enseñarlo con un banano, verdad”, y empezamos, y él amaba los bananos, eso si, a los niños no les agradaba, y yo: “este buey a mí no me sirve, porque di, los chiquitillos llegan a los desfiles dizque a tocar los bueyes, verdad. Pero dice mi papa: “hay que aguantárselo a ver qué”. El buey era lindo, se llamaba Diabal, por cierto.

Ajá, entonces, ahí lo andábamos. Entonces, yo le decía: “Diabal, cuidado usted me va a hacer una gracia hoy en el desfile, cuidado me va a hacer una gracia”. Vea que los chiquitos y mi papá: “está loca totalmente”. Pero diay, y no… vieras que en San Ramón, Bajos de la Paz, me dice mi papá: “agarre ese buey porque ahí hay mucha gente”; y venía caliente el buey porque era muy bueno, y yo le hablaba, y yo: “¡Diabal cuidado va a hacer usted aquí una tontera!”, y el buey paraba y paraba el rabo y todo, y yo, ah… sí, agárrese… otra vez; y vieras que no, y yo lo acaricié y de todo y no, pasamos super bien la bendición. Entonces ve, son cosas que talvez la gente diga: “¡qué tonterías, son animales!”, pero no, que va, ellos sí… sí lo entienden a uno.

9. Patrimonio Cultural

El Jaul, Max Jiménez

La carreta tiene una enorme importancia en el boyeo, no solamente por su función, que en este caso es transportar materiales, sino también por la representación cultural y artística que comprende. Esta constituye un pilar fundamental para comprender el boyeo y las actividades —tanto laborales como lúdicas—, que se desarrollan dentro de esta tradición. El texto lo cita en el siguiente cuento:

“El Merodeo”

“En la carreta se transportaba a las fincas y la había pintado de rojo, con florecillas blancas” (Jiménez, 1937, p. 42).

“El viejo, en su carreta, pasaba como un emperador y a nadie le decía adiós. De vez en cuando daba uno que otro tumbo, se golpeaba contra los parales, pero inmediatamente volvía a su dignidad primitiva” (Jiménez, 1937, p. 42).

*La negrita es nuestra.

Se trata de la portada diseñada por la Editorial Costa Rica para la obra literaria El Jaul, de Max Jiménez. En ella, se muestra la cara de lo que parece ser un animal vacuno y unas montañas en el fondo. El título de la novela está dispuesto verticalmente y en mayúscula en la parte derecha de la portada. En el extremo superior se lee “Max Jimenez”, autor de la obra y en el extremo inferior, “Naseimento”.

Igual muy bonitos recuerdos en cada lugar que uno visite, yo le puedo decir personalmente. En un desfile de San Isidro, llevaba yo una yunta, eran unos bueyes “Dorand”, yo los quería demasiado; ellos, bueno, yo no sé si usted cree en eso, pero yo sí, el amo y el animal se saben conectar totalmente. Entonces, di, yo siempre… siempre que he tenido una yunta siento esa conexión con ellos, y como siempre me los daban desde pequeños, ahí se van criando conmigo. Ese día… habían unos perros, porque ya había sido la bendición de perros. Entonces, el muchacho que estaba al mando pidió que corrieran los perros porque los animales… di por más mansos que sean están vivos, siempre digo yo. Y un perro Stafford se le soltó la correa, se le alargó la correa a la muchacha y mordió a uno de los bueyes que yo llevaba este… San Isidro estaba lleno de gente, pero lleno por ambos lados, usted apenas pasaba con la carreta, era demasiada la gente que había. Y bueno, los bueyes… uno de los bueyes se asustó y, pues salió corriendo y yo guindando del yugo. Yo nada más escuchaba a la gente gritando y mi papá donde me decía: “suéltelos, suéltelos”, pero yo a mí misma decía: “no los puedo soltar, porque si yo los suelto se levantan a esta gente”, y habían niños y personas mayores, y di, esto va a ser un desmadre. Yo misma lo pensé, y yo guindando del yugo de los bueyes tratando de… de que pararan; y vieras que… di al final, obviamente, la fuerza de los bueyes, eran unos novillos todavía, y ellos donde yo caí… vieras que no me explico yo nada más… Mi papá dijo: “hasta aquí me la prestó Dios”, donde me vio ahí, donde yo iba con todo y carreta y bueyes y mis tíos atrás, y era una locura… yo debajo de los bueyes. Vieras que donde yo caí los bueyes frenaron… frenaron de inmediato donde yo caí, yo quedé viéndole la panza al buey, y vieras que los bueyes… ellos intentaban con las patas no majarme, o sea, ellos se quitaban de mi cuerpo y ellos a mí no me majar, ellos quitaron las patas y pararon, y di, yo le quedé viendo la panza al buey y de ahí no se movieron. Ahí es donde yo dije: “pucha, sí hay conexión animal y amo, verdad”. Yo me levanté como nada, claro yo no sentía nada. Mi papá: “¿María, está bien?”, y que la ambulancia y ese montón de gente y mis tíos que: “deme los bueyes”, y yo: “no, no, no yo los voy a ir…”, porque ya en la plaza de deportes era donde terminaba el desfile y eso fue al puro frente donde estaba la bendición, y yo: “no, no yo los voy a llevar porque yo estoy bien, yo no siento nada”, y vieras que yo con toda la camisa desgajada totalmente. Y mi mamá: “pero tápese que se le ve todo”, y yo tapándome, y yo: “no, que no me quiten los bueyes”, y yo lo que no quería era que me quitaran los bueyes. Y bueno, yo bueno, no sé, yo no lloraba ni nada… yo estaba asustada de lo que me habían hecho los bueyes más bien, y ya cuando vi allá que se armó el pleito con mis tíos y, bueno, una locura. Y yo como: “no, no, pero no peleen, yo estoy bien, vamos”, no sé qué… Y al final, al otro día claro, al final yo ya sentía todos los golpes, pero no me pasó nada ni me quebré ni me raspé, eran moretes nada más, donde más bien yo iba guindando del yugo, verdad.

Yo más bien le terminé tomando el gusto, de que usted a mi casa viene y yo tengo recuerdos y tengo yugos, bueno… tengo de todo, de todo, sí. Uno le toma el gusto y le toma el de veras bueno, es algo tan bonito, diay es un hobbie, en realidad es un hobbie.


Diay yo, por ejemplo, yo he tenido taxi propio, tuve taxi y después, este… trabajé, por ejemplo, en otros lugares y así, y ahora me dedico… Después yo quité el taxi y vendí el taxi, porque bueno, esta cuestión de Uber y eso… y vendí el taxi ahora, y me dedico a otras cosas. Y así muchísimos boyeros, hay muchísimos boyeros… Diay, hay gente que, por ejemplo, usted que es de Aserrí, no sé si conoce don Edgar Valverde, un señor que es abogado, don Edgar es de Aserrí, es abogado. Él es un abogado, pero es boyero. Por acá en San Isidro, hay otra señora que es abogada y es boyera. Sí, por ejemplo, hay gente que tiene su negocio de equis cosa, pero el hobbie son los bueyes. Yo por ejemplo, ahorita a lo que me dedico es a trabajar en mantenimiento, soldadura y esas cosas; y me encantan los bueyes; igual vamos a hacer trabajos, uno cambia, a veces nosotros vamos a hacer trabajos de arado, a nosotros nos busca mucho la gente para ir arar, para ir a sembrar maíz y frijoles y esas cosas.

         TCU “Remembranza: comunidades y bicentenario”

  • Curaduría: Jorge Adrián Gamboa León, Raquel Alexandra Chaves Zamora.
  • Diseño gráfico: Adriana María Guerra Rojas.
  • Edición de audios: Elisa Barrantes Jara, Raquel Alexandra Chaves Zamora.
  • Revisión filológica: Jéssica Espinoza Mora, Ashly Solís Espinoza.
  • Montaje web: Brendan Naranjo Esquivel, Johel Phillips Ugalde.
  • Asesoría de imagen: Graciela González Rosales, Guillermo Antonio Ramírez Villalta.
  • Realización de las entrevistas: Adriana María Guerra Rojas, Bryan Villareal Miranda, David Chavarría Fernández, Félix Orozco Mora,  Mary Paz Picado Fallas, Nayeli Chavarría Bermúdez, Jéssica Espinoza Mora, Jorge Adrián Gamboa León, Raquel Alexandra Chaves Zamora.
  • Creación de material didáctico: Félix Orozco Mora, María Paula Arias Vargas, Mary Paz Picado Fallas, Nayeli Chavarría Bermúdez, Raquel Alexandra Chaves Zamora.
  • Entrevistados: Carlos Fonseca, Carolina María Mora Acuña, Christian Antonio Delgado León, Gerardo Enrique Monge Arabia, Gerardo Fernández Cartín, Juan Sandí, Karla Arce, María Fonseca, Randall Fonseca, Warner Méndez.